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Critica a los criticos

Fragmentos de la entrevista realizada por Silvina Friera al critico literario español Ignacio Echevarria para el portal del periodico pagina 12.-

 

Lunes, 07 de Abril de 2008

Entrevista al critico español Ignacio Echevarria

“Los premios literarios son simulacros de ficción”

Licenciado en filología hispánica, durante años sus artículos e intervenciones críticas dividieron aguas en el mundillo de la literatura. Ahora vuelve a sembrar polémica con sus opiniones sobre escritores, editores y periodistas.

Por Silvina Friera

 

–¿Cómo interfieren los premios literarios en el oficio de la crítica?

 

–Los premios literarios son simulacros de ficción con jurados falsos y con una mecánica que se sabe que es corrupta, y que además responde a la ética del comercio y no a los valores de la estética o de la crítica. Pero curiosamente, los medios de comunicación obedecen a la consigna de la industria cultural de dar como noticia cultural premios que son comerciales. Todos los agentes de la industria editorial se suman en ese tinglado montado en torno de los premios; no sólo está la picardía y la audacia de los editores sino que están involucrados escritores de mucho prestigio, que se prestan a ser jurados de una comedia, y están también los periodistas culturales que aceptan, sin levantar el trapo de la farsa de los premios, publicar esas noticias como noticias culturales, y que terminan participando de una promoción gratuita, haciendo entrevistas al autor ganador.

 

–Es notable que muchos escritores se escandalicen, con razón, y opinen ante distintos casos de corrupción política en sus propios países. ¿Pero por qué muy pocos aceptarían utilizar la palabra fraude o corrupción para referirse a los premios literarios?

 

–Pocos se animan a hablar porque todos esperan que la “lotería” les toque algún día (risas). Todo el elenco de la industria editorial actúa en esta gran farsa y forma parte de un pacto, aunque de vez en cuando se desenmascara, como pasó acá con el premio Planeta. Los premios literarios son tantos y algunos tienen una historia tan larga, y el pastel se ha repartido entre tanta gente, que denunciarlos radicalmente se termina convirtiendo en una especie de anatema.

 

–En el ámbito de la crítica parecería haber un doble juego: se asume el desprestigio de los premios, pero las obras premiadas adquieren, en ciertos casos, “prestigio”.

 

–En la medida que los premios literarios concentran una expectativa lectora muy grande y constituyen hitos comerciales, que además invisten de prestigio literario, generan ciertas obligaciones en el crítico. En España el premio Planeta, sea cual fuere el premiado, tiene una tirada inicial de 260 mil ejemplares, lo que convierte a ese libro en el único que la mayoría de los españoles leerá en el año. Si es cierta la estadística que dice que gran parte de los lectores sólo lee un libro al año, el crítico no sólo está obligado a dar cuenta de un fenómeno de tanta resonancia e interferencia –tiene que discriminar la paja del trigo–, sino que además tiene que remover su propio discurso porque entre esos lectores “precarios” que leen un solo libro al año la única crítica que leerán será la de ese libro. Es una ocasión que el crítico no puede perder: la posibilidad de captar y de seducir a un tipo de lector que, a partir del contraste entre su experiencia lectora y la de la crítica, puede encontrar un sentido a esa interlocución entre su lectura y la de otros.

–¿Qué opina de la tendencia de sacar anticipos de libros en los suplementos culturales?

 

–En la medida que los suplementos culturales son soportes que sirven cada vez más a los propósitos publicitarios de las editoriales, se asume que los anticipos garantizan dos o tres páginas sin tener que pagarle a un colaborador, y además es un modo de hacer publicidad gratuita sin que se escandalice nadie. Se supone que lo que se anticipa es un texto de interés, entonces estamos haciendo un servicio al lector. No conozco mucha gente que lea anticipos, pero creo que el fenómeno forma parte de la pobreza endémica de la cultura.

 

Lenguajes que cambian

 

“El objeto de la crítica está por redefinirse. Estamos en una etapa de descomposición del soporte libro y ni la crítica académica ni la de los suplementos literarios se da por enterada –ironiza Echevarría–. Las artes plásticas ya han redefinido su objeto. Desde Duchamp, ya no se puede hablar sólo de cuadros, estamos ahora hablando de videoarte, de performances, de instalaciones y la crítica de arte ha tenido que reinventarse. Pero la teoría literaria sigue todavía aferrada a un lenguaje y a unos usos que ya no obedecen al objeto que tiene enfrente, porque es un objeto que está cambiando. El libro como soporte y la literatura como institución se han transformado, pero parece que no nos dimos cuenta.”

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